Mujeres Ignacianas

“Ignacio de Loyola, después de algunas experiencias con resultados negativos, decidió no admitir mujeres en la Compañía de Jesús y dispuso que los Jesuitas no se dedicaran a cuidar establemente de monasterios o comunidades de monjas , y menos aún gobernarlas.
A pesar de ello hoy pasan de 250 los institutos religiosos femeninos de vida apostólica en el mundo que se inspiran en la Espiritualidad Ignaciana……”
Consoladora y feliz constatación: la fuerza del Espíritu tiene sus caminos!
La inmensa riqueza que Sn Ignacio nos aportó desde su propia experiencia, habiéndola dejado plasmada en el libro de los Ejercicios Espirituales y las Constituciones de la Compañía de Jesús entre otros, han sido un manantial inagotable.
Cómo podría quedarse solo en él y en la Compañía de Jesús, una experiencia tan honda de fe, de conversión, de amor por Jesús y su Reino hasta la Cruz.?
Cómo podría su escuela de discernimiento quedarse en sabiduría de unos cuantos, donde el mismo se puso como “alumno”- discípulo, a la escucha del Espíritu para hacer la voluntad de Dios y no la suya ?
Cómo podría su mirada contemplativa, que descubre a Dios en todas las cosas, no ser una mirada de fe que muchas mujeres de su tiempo y de hoy compartimos?
He aquí, unos pincelazos de lo que hoy significa para mi ser Mujeres Ignacianas:
Mujeres con una honda experiencia de Dios
Ninguna espiritualidad , Congregación o tarea apostólica, tiene fundamentos ni consistencia si no nace a partir de una honda experiencia de Dios, así muchas de nuestras fundadoras desde jóvenes sintieron el llamado de Dios y fueron capaces de ofrecer y entregar toda su vida a su servicio.
“Tu nos hiciste para ti Señor y nuestro corazón está sin reposo hasta que no descanse en ti”. Si, el Señor es nuestro principio y fundamento.
Creadas, amadas y siempre como obras inacabadas en las manos de Dios
Nos sabemos mujeres en constante crecimiento, como fruto de la gracia original, creadas a imagen y semejanza de Dios.
Sabemos que el anhelo de la libertad total, sin injusticia, ni opresiones de ninguna índole es tan antiguo, como la creación misma. Liberarnos de nuestras propias ataduras es una tarea de conversión permanente.
No buscamos la perfección, sino alcanzar el fin para el que fuimos creadas.
En el corazón del mundo
Un mundo, que no puede mirarse si no es desde la mirada amorosa y misericordiosa como la de Dios Trinidad.
Mundo muchas veces roto, herido, sediento de Dios, a veces en guerra otras en paz, otras llorando y otras tantas sonriendo. Es la encarnación de Jesús que nos hace enraizarnos honda y profundamente, con una mirada de fe “al ras de la tierra”, para poder mirar a los otros y otras a los ojos, a su corazón y hermanarnos. “Si Padre, así te pareció bien, ocultar estas cosas a los sabios e inteligentes y revelárselas a los sencillos”
Mujeres para el Reino
Si, mujeres como nuestras fundadoras y muchas generaciones de mujeres generosas que nos han precedido, mujeres como tú, como yo, con temores y sin embargo buscando la mayor gloria de Dios.
¿Seguirá encontrando el Rey eterno mujeres dispuestas al encuentro del hermano necesitado?, al lado de su Hijo, comiendo, bebiendo y viviendo como él? Trabajando de día y vigilando de noche, compartiendo el pan de la solidaridad y el banquete de su gloria?...
El clamor de migrantes, indígenas, de las personas de la tercer edad, de los desempleados, es tan fuerte como el grito de los jóvenes que en estos días nos han despertado.
Como todas nuestras generaciones hoy también queremos leer los signos de los tiempos, analizar, discernir y responder creativamente. Como si todo dependiera de nosotras sabiendo que en realidad es Dios quien actúa.
Con un compromiso para siempre
María al pie de cruz, una fidelidad que sabe ir hasta el fin. Los caminos no son fáciles. El esfuerzo, entrega, solidaridad, fidelidad, con una profunda Esperanza como la de ella, anima nuestro corazón.
Con María Magdalena y muchas otras “Marías” corremos a llevar el mensaje de que Jesús esta vivo. Son innumerables las formas por las que lo hacemos, todas ellas con un fuerte sentido de Iglesia, de pertenencia al pueblo de Dios.
Unidas en la diversidad
El llamado que hemos recibido cada una como congregación, es particular y a la vez universal, todos y todas somos parte del cuerpo místico de Cristo. ¿Quién pudiera jactarse de ser la parte principal? El tema de nuestro encuentro de jóvenes de estos días, nos confirma:
“Tejiendo comunidad reconstruimos nuestra sociedad”.
Acaso podríamos estar ajenas a esto? A caso los hilos en un tejido podrían rivalizar? el azul con el rojo? , un carisma con otro?. La belleza y la fuerza está en el conjunto y no en la “individualización”. ¿Acaso podríamos escaparnos de “JESUS TELAR DE NUESTRA COMUNIDAD”?
Reitero: la fuerza del Espíritu tiene sus caminos, gracias Dios, porque el camino iniciado por San Ignacio y continuado por la Compañía de Jesús (Los Jesuitas) ha trascendido.
Ahora muchos laicos o religiosas (os), nos beneficiamos de esta inmensa riqueza para nuestra Iglesia al servicio del Reino.
Segura estoy que San Ignacio hombre apasionado por Dios y por su Reino sonríe al mirarnos a la multitud de seguidores y de seguidoras bajo la bandera de Cristo.
Hermanas Auxiliadora
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