Oración

La oración es una disposición interna para descubrir la presencia del Espíritu en nuestra vida y dejarnos conducir por Él, sabiendo que Dios nos guía hacia la vida plena, desde la historia. Hace uso de todos nuestros sentidos para descubrir y experimentar ese Amor presente en todas las cosas. A través de lo que vemos, oímos, olemos, tocamos y sentimos es como Dios se hace presente en nuestro corazón y  mueve nuestra voluntad.

Para Ignacio de Loyola, Dios es como un trabajador que se esmera en construir un hogar digno para sus hijos e hijas. Dios es alguien que “labora por mí en todas la cosas creadas” y la oración ignaciana se dirige a disponernos internamente para descubrir y experimentar el Amor del Padre, que trabaja por nuestra plenitud.

Existe una actitud orante y una oración formal. La actitud orante tiene que ver con la contemplación en la acción, el sorprenderte por el amor y  la injusticia, estar atento a los signos de los tiempos. La oración formal tiene que ver con un tiempo específico de silencio para establecer un diálogo con Dios y la Historia.

Los pasos fundamentales para realizar una oración formal son:

a) Preparación. En la preparación trato de tranquilizarme. Se puede hacer escuchando música suave, fijando la vista en un objeto de la habitación, mirando por la ventana, sintiendo los latidos del corazón, paseando, etc. A medida que el corazón se va calmando, ir pensando tranquilamente qué voy a hacer. Tengo que tener el material necesario para la oración, un texto bíblico o algún texto espiritual. Y antes de empezar propiamente la oración realizo alguna oración preparatoria donde pido que toda mi vida esté centrada en Jesús.

b) Desarrollo. En este momento realizo mi oración haciendo uso de alguna de las diferentes maneras de orar: contemplación de una palabra, sintiendo a Dios en la respiración, meditación, contemplación, aplicación de los sentidos, repetición, oración sobre la vida. Comienzo por cada uno de los puntos de oración, considerando que la acción de Dios, y por tanto su liberación, abarca toda mi persona: mis pensamientos, los sentidos, la manera de relacionarme con los demás, con Dios, etc. Al final doy gracias a Dios por los frutos recibidos en este momento de oración.

c) Examen de la oración
. Realizo una evaluación de mi oración, para ver cómo fue mi preparación, qué frutos tuve de la oración, qué me ha ayudado más, etc. Mucho ayuda hacerlo por escrito.

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