El counseling

FICHA 1. Acompañamiento directivo o no directivo.

Counseling, relación definida que se establece entre dos interlocutores, de los cuales uno necesita ayuda psicológica y el otro es un técnico en prestar dicha ayuda; pero queda bien entendido que el protagonista de este proceso es el sujeto mismo, el cual revisa objetivamente los actores pasados y presentes de su estado confuso y conflictivo, para comprenderse y reorganizarse, tanto en sus reacciones emocionales como en sus juicios y decisiones responsables, para saber escoger mejor los medios adecuados a sus fines razonables; para crecer también en confianza propia, en ánimo y moderación para tomar decisiones y ejecutarlas.” (P. Charles Curran)

Métodos directivos.
El acompañante, aplica con facilidad y gran riesgo recetas generales a problemas y situaciones concretas que por su complejidad escapan a toda catalogación y simplificación. El método directivo simplifica demasiado, es vertical y orgulloso, maneja a las personas como si fueran cuestionarios de un test. Las iniciativas y las soluciones parten siempre del consejero. Esto impide que el acompañado piense, que integre sus valores, sus criterios, que ejercite la organización de su propia vida, conocida por él mejor que nadie. Mantiene al acompañado en una relación de dependencia que impedirá su normal proceso de maduración.

Métodos no-directivos.
En este procedimiento actuamos con un profundo respeto por la persona y evitamos con cuidado inmiscuirnos en ese plano inalienable de las decisiones personales. Nuestra atención irá más al sujeto que al problema (J. Lafarga). Trataremos de que él sea capaz de buscar y encontrar la solución, la suya propia, fortificando con esto su propia voluntad y responsabilidad. A fin de que cobre conciencia de su propio valer y se capacite más para dirigir en el futuro su propia vida. Con un paso aparentemente más lento, ayudaremos a la persona a que llegue mucho más lejos en su proceso de vida.

FICHA 2. La persona en conflicto y el orientador.

De la confusión y la evasión a la necesidad de ser escuchad.
Dos características que casi siempre acompañan a la persona en conflicto son la angustia y la confusión. Pero, por lo general, los conflictos humanos vienen enredados en una maraña boscosa. Toda una caravana de emociones negativas: temor, depresión, inseguridad, desconfianza, soledad, hastío, la no-aceptación de uno mismo, o sentimientos análogos. Demasiadas cosas se le están indigestando dentro y es preciso sacarlas. La necesidad de hablar se hace un imperativo. Necesita la persona digna de confianza a quien le pueda confesar sin temor su situación.

El ser humano, normalmente, se comunica hablando. Y todos tenemos mucho tiempo para hablar y muy poco para escuchar. Todos tenemos muchos consejos a flor de labios y mucha pereza para hacernos cargo de veras de los problemas del otro.

La entrevista y sus pantallas.
Esa persona que básicamente tiene, por hipótesis, un torbellino de emociones dentro se acercará al orientador con un problema intelectual que no tiene nada que ver con su problema de fondo.  Es uno de los mecanismos de defensa inconscientes que hacen que uno busque de mil modos a alguien de confianza antes de decir nada del verdadero problema. Por dignidad humana, por pudor, por instinto de conservación, la persona no puede decir su intimidad, no puede desnudarse espiritualmente ante el primero que se presente.

El orientador.
El arte de ser un buen consejero, es altamente paradójico.
- Viene a buscar consejo y el consejero lo destroza si le da consejos.
- Viene con un problema y no es ése su problema, es otro...
- Parece que viene a oír mi parecer y en realidad lo que necesita es tener alguien a quien hablar, alguien que le escuche de verdad.

Este es pues un arte lleno de sorpresas en el que uno tiene delante al ser más ilógico y enrevesado, el ser humano. Y de este ser podemos esperarlo todo.

FICHA 3. La pericia autagógica.

El arte de ayudar a otro ser humano a que recupere su propia estima, a que vuelva a tomar su vida en sus manos y haga pequeñas decisiones hasta llegar a ser una persona plenamente responsable de sus actos y cada vez más libre e independiente, es una técnica hermosa, en la que necesitaremos buenas dosis de paciencia, de sencillez, de silencio, de respeto, de interés en el otro... y poco más.

Paciencia y máximo respeto.
Es perfectamente normal que una persona que está confusa, que está casi fuera de la realidad, que por fin se ha atrevido a confiarse a alguien, no sepa por dónde comenzar. En este caso el orientador tiene que guardar un silencio respetuoso y no mostrarse ni violento ni interesado en otras cosas.

La primera actitud que se espera de un orientador honrado es que respete a su cliente, que respete su silencio o su llanto, el tema y las decisiones que el otro piensa abordar. Sin respeto no hay nada. El orientador no debe quemar etapas, no puede mostrarse curioso en querer averiguar cosas íntimas o vergonzosas de su cliente.

El orientador escucha, respetuoso, en silencio, no interrumpe atendiendo a otras cosas. Escucha atentamente para percibir  el fondo del problema, para hacerse cargo de todo lo que amenaza al sujeto, de sus sentimientos autodestructivos, de lo que él valora y desvaloriza. Se trata de que también el orientador simpatice, sintonice, participe de algún modo en el problema, trate de enfocarlo desde la perspectiva y la experiencia del otro. Vivir el problema de la otra persona con respeto, con interés, demostrándole que es digno de ser escuchado, diciéndole sin palabras: te estoy agradecido por la confianza que me tienes. Eso es lo que buscaba la persona en crisis y es la serie de actitudes acertadas que los profesores de Counseling llaman empatía. Si simpatía es ‘sentir con’; empatía es ‘sentir desde dentro del otro’ (Ch. Curran).

No se trata de compadecer al otro. Porque al compadecerlo lo reducimos a la categoría de niño indefenso e inútil. La compasión humilla y produce rebeldía.

Un lenguaje oportuno.
Usamos un lenguaje: el de nuestro acompañado. Los términos técnicos asustan, alejan a la persona sencilla e insegura. Puedo yo percibir que la persona tiene cierto mecanismo de defensa, una fijación oral, una tendencia sado-masoquista o una gran inmadurez afectiva; pero no se lo puedo diagnosticar de golpe y con esos términos sin producirle un trauma todavía mayor, crecerá su propia inseguridad y no volverá a conversarnos por el mal concepto en que se considera catalogado por nosotros. Tenemos que tratar de entender la realidad del otro en los términos del otro. Un lenguaje abstracto, intelectual, no nos lleva a ninguna parte (J. Lafarga).

Obstáculos para la empatía.
La autosuficiencia, el paternalismo, y el narcisismo del propio orientador. Si el ‘yo’ es el punto de referencia lo echamos a perder todo: “Yo te garantizo que...” “Es muy natural que sientas así…; cuanto más dogmático y más directivo es un orientador, tanto más inseguro es de sí mismo.

Es casi imposible confiar debilidades y culpas ante un señor que se cree perfecto, sabio y santo. Es más fácil acudir en estos conflictos a una persona sencilla y no muy sabia, pero serena y comprensiva, que a un señor lleno de títulos y diplomas. Realmente es necesario ser muy humilde y muy desprendido de todo tipo de galardón y premio en este arte de buscar el bien del otro.

FICHA 4. Aceptar y reflejar.

Es preciso despojarse del moralista, del juez criticón que todos llevamos dentro y presentarse en sencillez ante la otra persona con la actitud de quien dijo: No he venido a juzgar sino a salvar.

La aceptación del otro.
Por lo general, las personas que vienen con una carga afectiva muy grande no suelen ser delicadas en sus expresiones. Y es preciso no reaccionar, no discutir, no intentar interferir esas expresiones de desahogo, porque interrumpiremos el cauce normal de la confidencia. Es posible que el entrevistado, en medio de su crisis, hiera nuestros sentimientos. En todas estas circunstancias no nos queda otra cosa que callar, no asustarse de nada, aceptar a la persona tal como se nos presenta y seguir escuchándola respetuosamente.

Otra lección: ser imparcial, no aceptar fácilmente acusaciones contra nadie, no formarse juicios en base a declaraciones de personas que no están serenas.

Reflejar.
Después de escuchar con atención y respeto, es conveniente hacer  un pequeñísimo resumen de lo que uno ha percibido como más importante en la confidencia hasta ese momento. Sobre todo habría que reflejar los sentimientos más amenazadores, más negativos que se han presentado: angustias, autodevaluación, temor, incertidumbre, o cualquier tipo de emociones destructivas de esa persona…

Y lo más probable es que la persona en cuestión vuelva a tomar el hilo de las ideas que ya ha expresado pero reflexionándolas con más profundidad (J. Zalles).

Lo que pretendemos es que ese sujeto piense. Que se halle en paz y ante una persona que se interesa por él y lo escucha con atención. Al ponerse ante un interlocutor racional y comprensivo hará un esfuerzo por razonar, por reflexionar y profundizar en el análisis de sus ideas, de su problemática y de sus motivaciones. El reflejo o pequeño resumen tendrá, pues, por objeto el devolverle la esencia de su exposición para que se vuelva a mirar y a examinar desde distintos ángulos y a una nueva luz lo que quizás se dijo muy de pasada y superficialmente…

FICHA 5. Acompañando contradicciones.

Muchas personas sobreviven con una serie de mecanismos de defensa que las desequilibran a la hora de enfocar las grandes decisiones de su vida, también la opción vocacional.

El conflicto intrapersonal.
La percepción devaluada del yo (nula autoestima), y la supervaloración de las metas propias (autoestima exagerada).

La persona insegura, que carece de confianza en sí misma, suele forjarse unos ideales o metas inalcanzables y realiza esfuerzos titánicos por alcanzarlos; pero, precisamente, por ser metas demasiado altas, sus esfuerzos quedan cortos, no valora como éxito lo que objetivamente ha ido consiguiendo y sólo le queda la ingrata sensación de un nuevo fracaso. Este fracaso genera una ansiedad y una angustia crecientes. El acompañante deberá observar si la ansiedad de su acompañado no se debe en algo a este esquema. Será útil observar alguna cualidad positiva real en él y demostrársela, para hacer crecer así su propia estima autodevaluada. Es curioso que la seguridad viene de aceptar la inseguridad propia. La aceptación de las limitaciones propias es la mejor posición para buscar remedios, soluciones, ayudas ajenas y por lo tanto el mejor modo de arreglar las cosas.

La defensa del yo.
Además de todos los mecanismos de defensa que usa nuestro yo para no darse a conocer en su desnudez, para que no trascienda ninguno de los sentimientos que para él son inaceptables, tenemos los seres humanos una segunda muralla de barricadas y rejas. Son las defensas del yo social, del personaje que cada uno representa ante el círculo de personas con quienes vive: todo eso constituye la segunda barrera que impide comunicarnos a un mismo nivel, en unas relaciones humanas que deseáramos sinceras, sencillas y sin complicaciones.

Por una curiosa paradoja.
Necesitamos urgentemente dialogar con los que están cerca de nosotros; y sin embargo nos esforzamos en reforzar nuestras defensas, aumentar las barreras que nos alejan de la gente y que hacen casi imposible esa misma comunicación. El ser humano es esencialmente social y cuando no se comunica su soledad lo atormenta. La relación, la comunicación humana, a un nivel no superficial, tiene sus leyes que hay que respetar. Y una de estas leyes es que la comunicación íntima, profunda, es entre iguales. Si no caen las distancias, si no se abren las puertas de la confidencia, no hay acercamiento posible.

El orientador que quisiera ser digno de la confianza de su entrevistado debiera hacer el esfuerzo de ser sencillo. No exigir protocolos, ni títulos, ni que se le llame de usted. Tampoco hay que pensar que perderemos nuestra autoridad si hacemos también nosotros una que otra confidencia a quien busca orientación.

Sentir y consentir.
Nos ocultamos detrás de caretas y disfraces porque nos da miedo presentarnos tal cual somos. Muchos sentimientos de envidia, de venganza, de agresividad, los celos y cualquiera de las pasiones humanas más o menos vergonzosas se dejan sentir, tarde o temprano, con más o menos intensidad, en todo corazón humano.

Todos esos sentimientos engendran angustias y desconcierto. Deberíamos convencernos de que el sentir no está en nuestra mano... El acompañante, que no es un juez moral, tiene que rebajar esas tensiones, esos miedos y sentimientos de culpa muchas veces infundados en el acompañado. No asustarse, mantener la calma, no juzgar, mostrarse agradecido por la confianza que le tiene a uno y saber que el primer paso de recuperación de esa persona es mostrar su llaga al médico para que la cure.

FICHA 6.  Hacia la libertad responsable

Concluimos esta síntesis de Counseling. No es lo mismo tomar una actitud aprobatoria que una actitud empática. Oír no es lo mismo que estar de acuerdo con todo lo que dice la persona.

Relación acompañante – acompañado.
Pudiera ser que la persona que se encontraba en ansiedades, angustias, en soledad y que encontró, por fin, alguien que la escuchara,  un ser único en el mundo, digno de su aprecio y su cariño. Es preciso saber hacer frente acertadamente a la relación afectiva que se puede suscitar. Es decir, tomar conciencia sobre el tipo de amor que se va a presentar. Suele ser un amor de dependencia, un amor filial. El orientado, al verse solo y desamparado, Dependerá de la habilidad autagógica lograda para conseguir conseguir que la dependencia inicial se transforme paulatinamente en autodeterminación y libertad responsable...
Lo menos que se puede esperar es que nazca un profundo agradecimiento, una confianza, un aprecio, es decir los ingredientes principales de una incipiente amistad. No hay que temerle. El miedo es uno de nuestros principales agentes autodestructivos y equivocamos muchas veces el camino por su causa.

Será siempre muy necesaria una constante evaluación del trato que uno lleva con el orientado. Será cuestión de mantener un equilibrio entre confianza y respeto, los dos ingredientes esenciales e infaltables en toda correcta relación humana.

En camino hacia una libertad responsable e interdependiente.
El Counseling, es más una actitud del counselor que una técnica. No es una metodología ni una secuencia lógica, porque la secuencia vivencial del proceder humano no es lógica. Nos hemos dado cuenta de la impenetrabilidad y de la soledad básica de cada individuo. Hemos aceptado que el otro es el arquitecto de su propio destino. Nuestro objetivo se hace humilde: ayudar a pensar, proporcionarle al otro un ambiente espiritual que le facilite pacificar su corazón y pensar en alta voz para realizar su propio análisis vivencial.

Todos tenemos, al mismo tiempo, una tendencia congénita a la libertad y un miedo innato a ella. Pero hay determinaciones que sólo las puede tomar el individuo, arriesgando su libertad. Y será realmente libre cuando pueda elegir entre muchas formas de poder ser constructivo.

La madurez, como adquisición de una libertad responsable capaz de llegar a ser interdependiente, capaz de dar y recibir, capaz de entrar en diálogo e intercomunicación, no es una empresa fácil. Es labor de toda una vida. Y un día nos toca jugar de acompañantes y al día siguiente se invierten los papeles y somos humildes acompañados. Nadie puede tomar las riendas de nuestra vida en sus manos. El mismo Dios como que respetara la libertad que un día no dio, nunca nos fuerza a nada y se presenta siempre con un si quieres...

Síguenos en Facebook

Joomla Templates and Joomla Extensions by ZooTemplate.Com

Otras noticias

  • Testimonios de la misión. Testimonios de la misión.
    Las fotos hablan más que las palabras, pues no tengo con que expresar, lo que fue para mi esta semana santa, en la que Nuestro Señor se hizo presente continuamente entre nosotros, y con esta gente...
    Leer más
  • Bienvenido, Francisco Bienvenido, Francisco
    El miércoles 13 quedó como un día de esos que no se olvidan. Casi todas las religiosas de la Red Ignaciana estábamos reunidas en la oficina de Vocaciones, en un taller de acompañamiento con Mariano...
    Leer más
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8

Diseño y Desarrollo por: Pentagrama Comunicación Digital